lunes, 23 de enero de 2017

La salud.




Hoy, escuchando la radio, he observado  lo preocupados que estamos con la salud; han hecho un negocio con ella (como no), diciendo salud la gente entiende “vivir”.  No hay como tener un episodio de salud para darse cuenta de ello.
Estamos pendientes de los síntomas, no por el dolor, sino por lo que significa: la muerte física.

Temporalidad es la palabra, todo es temporal, lo sabemos todos, pero nos agarramos fieramente a la vida (aunque sea a una mísera vida).

Hoy también he soñado con una butaca, una butaca que le compré a mi madre para su solaz en su vejez (la heredé yo), luego posteriormente la tuve que abandonar en el naufragio que sufrí, donde tuve que escapar desnudo para salvar la vida, digo que hoy he soñado (después de veinte años) con esa butaca, no sé por qué, pero me he despertado al instante.

Mi minimalismo me exige, que para no ser esclavo de nada ni de nadie, me desapegue de todo.

¿Incluida la vida?

Nadie quiere morir, es un hecho, pero nada hay más acertado que la vida te muestre  hasta qué extremo eres “una pequeñita cosa” por medio (generalmente) de un episodio de salud, es entonces cuando te das cuenta por primera vez, de tu fragilidad.

De nada han valido los honores recocidos, ni los oropeles alcanzados, ni los dineros ganados, ni sin son pocos o muchos tus descendientes, en esos momentos solo es tu  fragilidad la que cuenta.

¿Ante esa fragilidad qué es lo que cuenta, si todo es relativo?

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