miércoles, 3 de junio de 2015

Amor correspondido (la entrevista).






Hoy he conseguido coincidir con el hombre y su perra ciega, me apresuro a abordarle y tras informarle que al conocer su historia, he escrito sobre ella, y que he adquirido un compromiso con los amigos que me leen, de ponerle nombre y cara a esta ejemplar historia de entrega de amor desinteresado, auténtico por lo tanto.
Le pido permiso para hacerle unas pocas preguntas al respecto y realizarle con su permiso unas fotos.
El hombre joven es muy accesible y cercano, accede a mi petición y a continuación le pregunto por los nombres, él se llama Álvaro y ella Lola.
Me dice que se enteró que una perrita de 8 meses iba a ser sacrificada si nadie la adoptaba, esto era en Alicante y Álvaro vivía en Madrid (426 Km por carretera los separaban) la vio y se quedó con ella.

La relación perro y hombre dura ya 11 años, tan solo hace un año un tumor la dejó ciega.
Esa relación estuvo plagada de entrega y alegría, Lola fue en algunos momentos un consuelo, con esa cercanía que nos dan nuestras mascotas cuando alguna tribulación humana nos aflige, ellas saben cuando necesitamos una caricia, ellas también sufren con nuestros sufrimientos, y en no pocos casos son capaces de los mayores sacrificios exigibles a un ser vivo.

En esas circunstancias, Álvaro recibe la sugerencia del veterinario de sacrificar a Lola como un mazazo.
No está dispuesto a pagarle sus buenos momentos y su cercanía con un sacrificio de su vida. Sabe que su mal irá a más y que lo inevitable se aproximará, pero él detecta que Lola todavía quiere seguir olisqueando fragancias de la calle, esas fragancias que tanto gustan a los perros y que al parecer nosotros no nos percibimos de ellas. El único inconveniente es que Lola está completamente ciega, tropieza y se golpea con todo (los perros andan a cuatro patas y no pueden usar un bastón o poner las manos por delante, necesita un guía, una mano protectora que la guíe segura por el laberinto urbano).

Y aquí tenemos a nuestro humano ejemplar: Álvaro.

Mucho se ha dicho de ejemplos perrunos, que si un perro no se aparta de la tumba de su dueño, que otro se muere de disgusto por ser abandonado por el que él creía que era su amigo, su dios…
Pero no se dice mucho de ejemplos humanos, los hay también, y éste es uno de ellos, conviene recordarlo a efecto de inventario.

La figura del lazarillo es bien conocida, es la mano amiga que amorosamente te guía y te salva de los obstáculos que encuentras a tu paso por los caminos.
La relación del ser guiado es de absoluta confianza en el guía. Tendríais que ver como Lola se refugia entre las piernas de Álvaro, en contacto con ellas cuando están parados, Lola oye y siente las pisadas y las rodaduras de tráfico intenso de la calle, sabe y confía en que esas dos piernas amigas la libran del peligro exterior.
Cuando caminan, Lola permanece junto a las piernas de Álvaro, casi en contacto con ellas (hay que tener en cuenta que la lleva con una correa de mascota).

Yo sé lo que es estar solo, sin guía en medio de la selva, el terror que eso te imprime, yo encontré o mejor dicho Él me encontró,  mi guía,  mi lazarillo y en Él permanezco.
Lola tiene en Álvaro su lazarillo, porque Dios ha tocado de esa forma el corazón de Álvaro, y él obediente a su corazón devuelve amor y bien a Lola.

Gracias Álvaro en nombre del mundo de los seres vivos y doy gracias a Dios porque existan personas como tú.

2 comentarios:

  1. Qué historia tan bella. ¡Gracias por compartir!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Aprecio mucho que te haya gustado amiga Sandra, gracias por opinar.
      Un saludo

      Eliminar

Formulario de contacto en privado / también vale para suscripción por email

Nombre

Correo electrónico *

Mensaje *